Tarea familiar Junio

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Tarea familiar Junio

  • La tarea de esta semana propone seguir reflexionando sobre el tema de nuestra última reunión: Veo, veo; creo, creo; propongo…
  • Aquella vez, el trabajo fue en grupos; ahora será en familia, con las reflexiones desde el hogar y contextualizando los compromisos.
  • Esta tarea será entrega el día miércoles 19 de junio.

Actividad 1

  1. Lean en familia el documento adjunto. Presten toda su atención en cada apartado.
  2. Subrayen aquellos puntos más importantes, aquellas frases que les llamen la atención.
  3. Luego respondan a las 3 preguntas que están al final de cada apartado.
  4. Presenten las reflexiones de sus preguntas en el folder asignado para las tareas

Actividad 2

  1. Como producto de la reflexión de ese documento y de lo que hemos venido reflexionando en las reuniones anteriores, dialoguen en familia sobre cuál será su proyecto de Servicio Social. Al final adjunten su proyecto al folder.
  2. Platiquen sobre el lugar y las actividades que pueden proponer.
    1. Les recordamos que hacer un Servicio Social no es solo ir a dejar víveres o ropa a un lugar. Consiste en compartir, escuchar, sentir con el corazón las dificultades del otro, estar con el otro.
  3. Presenten un breve esquema de Servicio Social con las siguientes partes:
    1. Lugar:
    2. Objetivos:
    3. Actividades:
    4. Tiempo:
    5. Recursos:
  4. Las actividades pueden ser presentadas de la siguiente manera:

Lugar: ________________________________________________________

Objetivos: _____________________________________________________

 

Tiempo

ActividadesRecursos
 

 

 

Reflexiones de un padre cristiano en torno a la Primera Comunión

Tomado de “Migajas cristianas”, de José I. González Faus s.j. Extractos

 VEO, VEO…

Que en nuestra sociedad todavía son muchos los niños y niñas que “hacen la primera comunión”; que de ellos, son poquísimos los que continúan después en procesos de crecimiento en la fe; para muchos de ellos, la “primera” comunión es casi también, a la vez, “la última” comunión; que en un número elevado de casos, los niños y niñas (y sus familias) que se preparan para hacer y hacen la “primera comunión” no habían aparecido por la parroquia desde que se bautizaron, y no volverán casi con toda seguridad a hacerlo hasta que se confirmen, si se confirman, y volverán a desaparecer hasta la boda si se “casan por la Iglesia”: no hay procesos continuados de crecimiento en la fe en un elevado número de casos.

Que en las familias de muchos de esos niños y niñas que “hacen la primera comunión” no se viven la fe y el seguimiento de Jesús, ni “lo cristiano” tiene ninguna repercusión concreta en su vida, en sus actitudes, en la transformación de los ambientes en que viven; ni se tiene, además, ninguna intención de que esas cosas cambien con motivo de la “primera comunión” de su hijo o hija;

Que en la forma de realizar la celebración de muchas “primeras comuniones” hay, elementos contrarios al evangelio de Jesús: la falta de fe en muchos de los presentes y el gasto económico en todo el asunto, pues resulta claro que hay un evidente negocio económico y de prestigio social montado en torno a “las primeras comuniones” que dista mucho del mensaje evangélico y de sus exigencias.

Que en no pocos casos algunas de las razones que se aducen para que “el niño o la niña comulguen son: “para que no se traumatice”, o “todos los de su clase la hacen, ¿cómo se va a sentir ella o él si no la hace”, o “por no dar un disgusto a sus abuelos”, o “como lo bautizamos, pues ahora toca la comunión”,…: ¡Dios mío!, ¡qué forma tan desfigurada de ver a los niños y a las niñas!, ¡qué manera tan poco seria y adulta de afrontar las situaciones conflictivas con los hijos –o con los padres! Además muchos acuden al sacramento sin entender el mensaje de Jesús, ni estar de acuerdo en su vida y con sus exigencias, y que acuden muchas veces por cierto sentido de obligación, sea de tipo religioso, bien por la fuerza de la costumbre, bien por convencionalismo social.

Que hay descontento y sensación de incomodidad en matrimonios y en niños que se lo creen de verdad y querrían hacerlo de otro modo, pero las presiones son tantas, las implicaciones tan diversas, los “enfrentamientos” que afrontar tan delicados… que al final se hace del mismo modo.

 

  1. ¿Qué más vemos en nuestras comunidades respecto a las primeras comuniones? ¿Estamos de acuerdo con lo que el autor menciona?

Reflexiones de un padre cristiano en torno a la Primera Comunión

Tomado de “Migajas cristianas”, de José I. González Faus s.j. Extractos

CREO, CREO…

Que para que la celebración de los sacramentos se pueda considerar aceptable, la palabra que se dice (en la catequesis de “primera comunión”, en la propia celebración) y el sacramento que se celebra (con todos sus elementos: quiénes participan, cómo se realiza, en qué condiciones y con qué exigencias,…) deben asegurarse con su verdadera significación: los participantes se tienen que sentir interpelados y concernidos por el mensaje de la “buena noticia”, que resulta gozosa para unos y con frecuencia escandalosa para otros; quiere decir, además, que se debe celebrar de tal forma que los participantes se sientan llamados a la conversión cristiana; y tiene que celebrarse, además, de tal forma que la celebración sea expresión de que se viven unas determinadas experiencias en quienes participan en ella: la experiencia de Dios que llama a un encuentro verdaderamente personal con Jesús; la experiencia de la alegría y el gozo ante la “buena noticia” del reino; la experiencia de la conversión cristiana; y la experiencia de la libertad y la audacia que son inherentes a la proclamación del mensaje de Jesús: sólo cuando estas experiencias son vividas, al menos (pero vividas) de alguna manera, podemos asegurar que se celebra el culto que Dios quiere y como Dios quiere.

Que es necesario plantearse, con toda honestidad, si no se cuidan en las “primeras comuniones” muchos elementos externos y secundarios, pero se descuida de manera asombrosa e intolerable la coherencia de las experiencias auténticamente cristianas y comunitarias que no pueden faltar en el culto de la comunidad creyente;

Que en la Iglesia no podemos desligar la celebración de la fe, ¡y la eucaristía es la más significativa de ellas!, de las exigencias y el compromiso por la justicia y la construcción de un mundo mejor: exigencias que son para quienes se acercan a la celebración y participan en ella, y que se proponen para quienes desean incorporarse a la comunidad y a su eucaristía.

Que la celebración de “la primera comunión” es la celebración de un paso de incorporación a la comunidad cristiana y al seguimiento de Jesús, y no la celebración de un rito; esa incorporación se inicia en el bautismo, en la incorporación a la eucaristía de la comunidad y en la confirmación, en un proceso continuado de esos tres sacramentos llamados “de la iniciación cristiana”, para luego continuarse de forma madura en una comunidad de referencia y comprometidos en su realidad y en sus ambientes: si no se da ese proceso continuado en la iniciación cristiana, dudamos que haya realmente una iniciación cristiana adecuada; pero entonces, ¿qué es “hacer la primera comunión”?

  1. Respondemos a esa pregunta ¿Qué significa para nosotros como papás-mamás que nuestros hijos-as hagan la primera comunión, por qué estamos interesados en ello?

Reflexiones de un padre cristiano en torno a la Primera Comunión

Tomado de “Migajas cristianas”, de José I. González Faus s.j. Extractos

 

POR TODO ELLO, PROPONGO…

Que en las parroquias y comunidades cristianas se promuevan espacios de formación, debate y diálogo entre los cristianos y grupos cristianos sobre la celebración de los sacramentos: su sentido, sus condiciones, sus compromisos y exigencias, la forma de ofertarlos, la edad en la que ofrecerlos y que se ofrezcan y se potencien, procesos continuados de crecimiento en la fe y el seguimiento de Jesús. Que las familias se tomen en serio esto de la fe: si en su vida real y concreta el evangelio de Jesús y sus exigencias no tienen nada que decir, por favor, ¡no hagan teatro!, ¡que no pasa nada porque el chico o la chica no hagan esta farsa! y, si en su vida real y concreta el evangelio de Jesús y sus exigencias tienen un sitio y algo que decirles, ¡exigid una forma de incorporar a vuestros hijos e hijas a la eucaristía de la comunidad que sea coherente con su verdadero significado.

Que los niños y las niñas, sean capaces de tomar su protagonismo en casa, y sean capaces de decir: a mí esto no me dice nada, ¡por favor, no hagáis teatro conmigo!; ¿por qué me metes en estos rollos si ustedes no le dan tiempo a todo esto? O bien, como veo que ustedes viven esto, que les ilumina la vida, y sus actitudes y decisiones… me gustaría vivir así, ¡quiero apuntarme a este asunto!, ¡quiero crecer en este proceso!; y dentro de él, y con ese sentido, quiero incorporarme, como niño o niña que soy, a su comunidad;

Que muchas parejas cristianas y comunidades cristianas, con audacia e imaginación, vayan inventando formas diferentes y alternativas de celebrar la incorporación de nuevos miembros a la eucaristía de la comunidad. “A modo de ejemplo: ¿qué pasaría si, una vez preparado el niño o la niña, insertado en un proceso más amplio de crecimiento en la fe, sus padres lo llevan un día a comulgar con ellos, silenciosamente, como si fuera un día más, se dedica luego en casa un buen rato a profundizar en lo ocurrido, se le regalan unos evangelios, y luego se acude con ella o con él a entregar todo lo no gastado (en vestidos, restaurantes, fotógrafos…) como donación para ayudar a otros

  1. ¿Qué nos parecen las propuestas del autor? ¿Qué nos incomoda? ¿Con qué estamos de acuerdo? ¿Qué nos parece lúcido y viable en nuestro contexto? ¿Qué “propuesta” puede surgir de nuestro grupo de padres?

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